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La metástasis del entretenimiento

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La metástasis del entretenimiento

La expresión humana es una necesidad milenaria. Desde que habitamos en oscuras cavernas hemos querido decir algo, ya sea a través de sonidos o plasmándolo en una pared. Pero vivimos en un mundo dinámico y evolutivo, a medida que pasa el tiempo nos vamos transformando a la par de nuestro planeta. Hoy se vive un fenómeno curioso, en el que el quehacer diario y la expresión se han fusionado con el entretenimiento. La realidad actual tiene fiebre de entretenimiento y evidentemente está haciendo metástasis en todo el mundo.

Hoy construimos la realidad de manera diferente, los valores ya no son los mismos. “Nada se pierde, todo se transforma” es una frase que determina con certeza lo que ocurre hoy en el mundo y el porqué se ha desarrollado una metamorfosis en nuestra manera de pensar y percibir los valores. Los sujetos del hoy —y del mañana— se diferencian mucho de sus antecesores. La manera de pensar y actuar de los post-materialistas marcan una fuerte brecha generacional que, muchas veces, choca con la manera de pensar de los materialistas. El fin último de los post-materialistas es la de la autorrealización. El individualismo y la autodeterminación los caracteriza. Además, se revaloriza la libre expresión, especialmente a través de los medios de comunicación.

Todavía teniendo las raíces de la modernidad –democracia, ciencia y razón- extienden sus ramas hacia el mundo de las ideas. El subjetivismo reina en el Universo de los post materialistas y el compartir sus experiencias sobre él, además de ser un derecho, parece ser un deber.

Los medios de comunicación juegan un papel importante para los post materialistas, tomando en cuenta que ellos mismos se convierten en medio de comunicación. Las redes sociales y el internet le dan voz a los que antes no la tenían, elevando la importancia que le damos a lo que cada uno tiene y quiere decir. Todo, lo valioso y lo mediocre, está mediatizado y llevado de la mano con el entretenimiento. El aburrimiento es una imposibilidad y la superabundancia de información parece nunca saciar la curiosidad de estos personajes.

Pero al tener tan a la mano el poder de difundir las ideas y las propias experiencias, sucede una deformación en lo que se expresa. Antes, al no tener la posibilidad de comunicar ideas a través de medios con tanta facilidad, se realizaba un esfuerzo en compactar de manera más profunda y efectiva el mensaje para emitirlo en esa escasa oportunidad. Al presentarse el momento limitado de poder publicar algo a través de los medios de comunicación masivos, el sujeto materialista tenía que estructurar y planificar de la mejor manera lo que quería expresar.

Hoy eso ya es pasado. El personaje post materialista tiene la herramienta comunicativa resuelta, lo tiene literalmente a la mano. Puede enviar cuantos mensajes quiera y pueda, de lo que sea. Si bien es cierto que aumenta la cantidad de mensajes emitidos y recibidos, la calidad de estos se degrada. Al tener infinitas oportunidades de expresarse en medios de comunicación, entonces el emisor publica su mensaje sin escrúpulos. El sujeto post materialista se acostumbra a expresarse acerca de cualquier cosa –ya sea algo que conozca o que ignore- desde hechos importantes hasta la idea más banal. Los receptores tampoco se toman el tiempo de reflexionar acerca del mensaje, lo consumen sin digerirlo propiamente. La inmediatez no nos permite sentarnos a pensar.

El post materialista está viviendo una vida completamente pública. Todo está mediatizado, desde lo que desayuna, sus ideologías y hasta los lugares a donde va. El ideal de vida es ser visto por todos, ser el tema principal de la conversación. Parece no importar tanto cuánto dinero tengas sino cuántos seguidores en redes acumules. El poder se traduce en el alcance mediático que se tiene. Al tener tanta importancia la expresión de la subjetividad y el acceso a la información, se jerarquiza a la sociedad en una supremacía 2.0 globalizada en el que el mensaje llega a cualquier parte del planeta en cuestión de segundos.

Esta búsqueda de dominar el mundo 2.0 y tener acceso a todo tipo de información ha impulsado a buenas causas como, por ejemplo, la de Malala Yousafzai, la ganadora más joven del premio Nobel de la Paz, que defiende la educación femenina o también en Egipto, con la difusión de ideas opositoras que generaron una revolución para la liberación de la dictadura de Mubarak. Pero este acceso infinito a la difusión de ideas y de consumo de información también tiene su lado oscuro. La mediatización absoluta de la realidad también causó desfiguraciones los procesos mentales del emisor-receptor.

Una de esas desfiguraciones es el rompimiento de la línea entre lo público y lo privado, se distorsionan las prioridades y el morbo ya no es un tabú. Ser chismoso es una forma de vida aceptada por la sociedad. Hoy, especialmente a los post materialistas, les llama más la atención enterarse acerca de un escándalo de desamores entre actores de la farándula que las estadísticas de la caída del barril del petróleo. El entretenimiento es obligatorio para captar el interés de las personas y los medios de comunicación han descubierto la fórmula para atraparlas: el creciente amarillismo.
El amarillismo es la exaltación del sensacionalismo en las noticias, convirtiendo hechos serios en espectáculos, con el fin de entretener y finalmente, vender. Los post materialistas son los consumidores principales del espectáculo ya que han crecido con él.

Vargas Llosa afirma que la civilización del espectáculo es “la de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal.” (2012)

Vivimos en el reino de los jóvenes y por ello, los medios de comunicación los han colocado como target principal al momento de difundir sus mensajes. La manera en la que atrapan a los jóvenes es a través del entretenimiento. La mayoría de las veces el entretenimiento puede convertir un tema de seriedad y reflexión en espectáculo. Lo más grave de la trivialización de las noticias es que estas funcionan como armas masivas de distracción humana. Se masifica al hombre a través del exceso del entretenimiento en todos los ámbitos, no lo deja pensar y por consiguiente, no le permite decidir por si mismo. El entretenimiento puede funcionar como arma de control social y cuando hay gobernantes con sed inagotable de poder, se convierte en un peligro para la democracia.

Como jóvenes pertenecientes al movimiento post materialista, hay que saber distinguir lo que es entretenimiento sano (y necesario) del que ya es una enfermedad y hace daño. Hay que aprender a usar de manera responsable las herramientas comunicativas que tenemos la fortuna de poder manejar. Hay que aprovecharlas y educarnos a través de ellas. Es hora de frenar la metástasis del entretenimiento, abrir los ojos y detenernos a mirar la realidad para que así podamos aportar al mundo algo positivo, en vez de más banalidades que día a día se consumen compulsivamente en la sociedad del entretenimiento.

Lee más: “El periodismo en una tormenta amarilla”

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