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AMLO: El portero del paraíso

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AMLO: El portero del paraíso

por: Diego Fernández Gómez-Salas (@DFG_Diego)

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha logrado lo que hace algunos años se creía imposible: estar a punto de ganar la presidencia de México con una ventaja electoral inalcanzable. Para lograrlo, el presidenciable de Morena hizo todo aquello que él mismo prometió no hacer: abrirle los brazos a cuanto personaje se le ocurriera arrepentirse de sus pecados políticos para buscar otro puesto en el servicio público con la bandera morenista (sin importar que en su currículum presumieran haber sido de lo peor del PRIAN); prometer el perdón a los corruptos en vez de asustarlos con la merecida prisión; unirse amistosamente a los sindicatos que otrora eran parte del corporativismo del régimen autoritario de partido único; sentarse a charlar con la mafia del poder empresarial para buscar su respaldo; traicionar su ideología de aparente izquierda al generar una alianza -sin pudor alguno- con el partido más conservador de México (previniendo el hipotético caso de enfrentarse a otro 0.6% de diferencia final).

López Obrador ha aprendido de sus errores, comprendiendo que lo más viable para ganar la presidencia no era diseñar un proyecto de nación, sino un proyecto de poder.

El historiador Rafael Rojas ha resumido de forma magistral la transformación del candidato en este proceso electoral. AMLO logró transitar exitosamente del rijoso anti-político de oposición al político moderado que busca cualquier camino para alcanzar el poder. Por esto, Rojas acierta al decir que “López Obrador ha logrado la magia integradora de representar el sistema y el antisistema, el contrapoder y el poder, la estabilidad y el caos, la corrupción y la honestidad”. Sin duda, gran parte del éxito de este individuo ha radicado en la dicotomía que representa su propia identidad política. Su flexible retórica se amolda a cualquier foro, buscando convencer con las palabras que un público en particular desea escuchar, siendo esto un riesgo cuando se enfrenta a un auditorio general, mismo riesgo que suele atenuar con frases simplistas, carentes de toda profundidad para evitar obviar la contradicción y esconder su evidente ignorancia. A veces, le conviene más permanecer con su mejor aliado: el silencio.

Confiado por estar bien posicionado en las encuestas y consciente de sus errores pretéritos, ha preferido encauzar su discurso hacia las ideas banales y los chistes infantiles, pero no sin quitar el dedo de aquellas propuestas que, a grandes rasgos, miran hacia la conversión de México en una especie de país escandinavo en tan sólo seis años. Lo que propone AMLO parece una locura, pero convence a gran parte del electorado porque -aunque no alcanzará a regenerar al país al cien por ciento- ha sabido equilibrar lo que dice con lo que hay. Gran parte de su falsedad cumple con las exigencias de la verosimilitud. Por ejemplo: hacer de la violencia y de la corrupción los dos ejes en los que da vueltas su proyecto de nación lo ha hecho ganar adeptos que se sienten identificados con una retórica disruptiva y esperanzadora.

López Obrador se ha construido a partir de la llamada mentira por aumento, misma que consiste en “atribuirle a un personaje mayor reputación de la que le pertenece; esto para ponerlo en condiciones de servir a determinado fin o propósito” .

Bien se sabe que AMLO no es ningún santo, pero su equipo de campaña ha trabajado de forma admirable con su imagen, colocándole caretas que esconden su verdadero rostro, haciendo creer a los receptores del mensaje que este hombre de carne y huesos, con sus pausadas palabras, con su temperamento de diablo, con su escasa destreza mental, con sus virtudes y con sus defectos, es una especie de mesías inmaculado que por medio del amor y la paz transformará la vida de más de ciento treinta millones de almas, pues él y sólo él posee la llave que abre el portón del edén mexicano.

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Con la seriedad de un académico, Andrés Manuel suele decir una serie de estupideces que vuelve creíbles ante la mirada de sus simpatizantes. Éstos se han encargado de aplaudir y defender lo indefendible. Contra la fe no se pueden esgrimir razones y, al parecer, tampoco contra la incongruencia de López Obrador. La primera permite creer en lo que no se ve; la segunda simplemente consiste en negar lo que se ve para seguir creyendo en el proyecto de poder de El Peje. Esta cualidad dogmática hace que AMLO tenga el don de la inmunidad, es un candidato cuya historia lo ha hecho poseer y aprovechar del efecto teflón, pues nada ni nadie puede manchar su reputación mesiánica, misma que ha pulido desde una oposición genéricamente de izquierda (“primero los pobres”), pero que ha degenerado en un conservadurismo ridículo al no fijar su postura personal frente a las ideas de la legalización del aborto y los matrimonios homoparentales; tildando de “lacayos de la mafia” al Ejército Zapatista de Liberación Nacional -el único bastión de real izquierda en México- por proponer a María de Jesús Patricio como candidata independiente que, de haber alcanzado las firmas requeridas, bien pudo haberle arrebatado votos al tabasqueño; y, por supuesto, aceptando la alianza política con el evangélico Partido Encuentro Social.  

La idea obradorista de la República Amorosa, más que una mentira, supone una ilusión hippie que parece insuficiente para hacer frente al viciado sistema político en el que impera la violencia.

El idealismo no es ningún pecado, pero creer que una sociedad tan compleja como la mexicana podrá, de la noche a la mañana, organizarse con la bandera de los valores cristianos del altruismo, la solidaridad y la felicidad absoluta cae en una exageración de mal gusto. A pesar de todo, el ideal de Andrés Manuel es el “hombre nuevo” de San Pablo, es decir, la posibilidad de transformar a los criminales y a los violentos en ciudadanos renovados, generosos y amorosos, por obra de quién sabe quién. Con estas cursis ideas, AMLO construye la definición de su movimiento político como se recita un pasaje del Evangelio: “Morena es un espacio abierto para aquellos que busquen ser felices, dedicando su existencia a procurar el bienestar y la felicidad de otros”. Muy bonito, pero ¿cómo será posible alcanzar todo aquello? ¿Cómo se logrará la transición del México-Infierno al México-Paraíso en menos de seis años? ¿Cómo se convencerá a decenas de millones de mexicanos para que sigan el llamado a la felicidad proveniente de Palacio Nacional? ¿Cómo se combatirá la corrupción con un equipo repleto de corruptos jurásicos que hoy se dicen purificados? Hasta ahora nadie lo sabe, quizá ni siquiera el propio Andrés Manuel López Obrador. Será difícil que el líder convenza a sus discípulos de no pecar, pues la absolución redime al penitente del pecado, mas no elimina la tentación del diablo.

A unos días de la elección, AMLO representa la esperanza para muchos y, por consecuencia, el puntero de las encuestas. De ganar, se enfrentará al reto de su vida: cumplir con todo lo cantado desde la comodidad de la oposición o atenerse a las consecuencias de una sociedad que no parará de exigirle que abra las puertas de ese paraíso prometido. Si no logra abrirlas, es muy probable que el “tigre” termine por devorar a su único domador. Y en el peor de los casos, este hombre puede buscar quedarse sólo como custodio del Paraíso, con las llaves en mano y un dedo todopoderoso que señalará a aquellos que él considere dignos de formar parte del Jardín del Edén mexicano. Ahí no habrá espacio para lo “fifí”, ni para los opositores, ni para quienes cometamos el terrible pecado de negar al mesías más de tres veces.

 

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Notas y referencias

Al momento de redactar este artículo, las encuestas posicionan al candidato de la coalición Juntos Haremos Historia a más de quince puntos de ventaja frente a su competidor más cercano.

2. Durante la elección presidencial del 2006, uno de los tantos errores de López Obrador fue rechazar la alianza política con la candidata del Partido Socialdemócrata, Patricia Mercado Castro (quien obtuvo el 2.7% de la votación) cuyos votos -aunque insignificantes- hubiesen sido determinantes para vencer la diferencia de 0.6% que lo separó del ganador, Felipe Calderón Hinojosa.

3.  Rafael Rojas, López Obrador visto por la prensa estadounidense, Letras Libres: https://www.letraslibres.com/mexico/politica/lopez-obrador-visto-por-la-prensa-estadounidense. Consultado en la plataforma digital el viernes 22 de junio de 2018.

4. Crespo, José Antonio. 2018: ¿AMLO presidente?. Ciudad de México. 2017. Editorial Sello Grúa.

5. Swift, Jonathan. El arte de la mentira política. 2010. Editorial Diario Público.

6. AMLO puntualiza: Sobre libertad sexual y aborto es la gente la que decide. Excélsior. 30/octubre/2016

7.  Material electrónico de Reporte Índigo: AMLO celebra triunfo que aún no tiene, advierte EZLN: No somos de la Mafia del Poder. https://www.reporteindigo.com/reporte/amlo-celebra-triunfo-aun-advierte-ezln-somos-la-mafia-del-poder/: 17/abril/2018. Consultado el 18/junio/2018.

8.  Material electrónico de Nación321: AMLO ya es candidato de encuentro social. http://www.nacion321.com/elecciones/amlo-ya-es-candidato-de-encuentro-social-y-habla-del-amor-y-la-biblia: 20/febrero/2018

9.  San Pablo desarrolló una teología de la conversión que implicaba, a grandes rasgos, dejar atrás una vida de pecado para aceptar el cristianismo como forma de existencia.

10.  López Obrador, Andrés. No decir adiós a la esperanza. 2012. México. Editorial Grijalvo.

11. López Obrador, Andrés. 2018: La salida. 2017. México. Editorial Planeta.

 

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Estudiante de Administración Pública y Gobierno. Escritor.

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