Reporte presentado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington a principios de 2019.

CUENTOS DE TORTURA – HISTORIAS DE LA VIDA REAL (3/7)

Estado Táchira:

Gabriel José Bolaños Arenas, 23 años. Estudiante de ingeniería mecánica, dirigente estudiantil y militante de COPEI.

Aproximadamente a las 4:00 de la tarde del 29 de julio de 2017, el estudiante universitario Gabriel Bolaños se encontraba en las inmediaciones del sector La Cueva del oso en compañía de vecinos de la zona, a fin de realizar una asamblea ciudadana y una actividad denominada “Pancartazo” que consistía en repudiar a través de láminas de papel las acciones ejecutadas por el gobierno nacional, en virtud de las cuales cientos de personas habían sido asesinadas, lesionadas y detenidas en el contexto de las manifestaciones. 

En el desarrollo de dichas actividades, una comisión de 40 motorizados de la GNB se apersonó en el lugar y comenzó a disparar en contra de la sociedad civil, circunstancia que produjo que todos los presentes, incluido el Sr. Bolaños, comenzaran a correr en resguardo de su integridad física. La víctima fue alcanzada por 3 funcionarios en moto, uno de ellos lo apuntó con el arma reglamentaria en la frente y lo amenazó con matarlo si se movía. Seguidamente, 6 guardias se acercaron y comenzaron a golpearlo brutalmente en todo el cuerpo, lo esposaron y lo subieron a una de las motos a fin de llevarlo a la Comandancia de la zona Operativa de Defensa Integral (en adelante, “ZODI”).

Una vez allí el Sr. Bolaños fue obligado a desvestirse, pudiendo conservar únicamente su ropa interior, y a sentarse en cuclillas durante 1 hora. Mismo tiempo en el que los funcionarios lo golpearon, le rociaron la cara y el resto del cuerpo con polvo picapica y lo sometieron a un interrogatorio en el que, podía oírse de fondo, canciones alusivas al comunismo y al partido de gobierno. Posteriormente lo hicieron entrar a una de las 4 perreras que se encontraban en la Comandancia, en cuyo interior había 17 personas detenidas por manifestar que fueron obligadas por los guardias a golpear al Sr. Bolaños so pretexto de permitirles llamar a sus familiares. En el transcurso de la golpiza, uno de los detenidos le recomendó a la víctima fingir que se había desmayado para que los funcionarios les ordenaran dejar de agredirlo.  

Debido a los golpes recibidos y las incómodas posiciones que debía adoptar en la perrera por el poco espacio disponible y la excesiva cantidad de personas recluidas, el Sr. Bolaños llegó a sentir un gran agotamiento físico. Sin embargo, el miedo y el estrés le impidieron dormir durante 3 días, por lo que su única oportunidad de descansar era cuando se desmayaba. 

Por otra parte, el Sr. Bolaños afirmó que durante 2 días fue privado del consumo de alimentos pues, aunque éstos fueron oportunamente suministrados por sus familiares, los funcionarios de la GNB no se los hicieron llegar sino hasta el 31 de julio. Asimismo hizo referencia a las precarias condiciones de su reclusión, marcadas por el hecho de tener que hacer sus necesidades fisiológicas dentro de la perrera a la vista de sus compañeros, el alto nivel de hacinamiento en un espacio de apenas 2×2 metros de ancho y 1 metro 45 de largo, la imposibilidad de acceder al agua potable y los golpes, insultos, amenazas y demás humillaciones proferidas por los guardias. Sobre ese punto señaló:

“Nunca voy a diferenciar cuál fue la peor tortura; sí en las tardes cuando el calor era insoportable y nos tiraban bombas lacrimógenas por acción del Sargento Barón, que se mostraba feliz, riéndose mientras nos hacía eso, con todos en la Jaula sofocándonos, asfixiados por la falta de oxígeno, ahogados por el gas lacrimógeno y siendo rociados con agua para que con el químico de la lacrimógena nos ardiera la piel; o sí en las noches cuando no podía dormir y empezaba a tener alucinaciones de que llegaba a mi casa y mi madre me recibía”.

Gabriel José Bolaños Arenas

En fecha 31 de julio de 2017, el Sr. Bolaños fue presentado ante los tribunales militares por la presunta comisión de los delitos de ataque al centinela y ultraje a la fuerza armada. Al término de la misma, el juez de la causa dictó una medida cautelar de prisión preventiva de libertad a efectuarse en PROCEMIL. Sin embargo, debido al incumplimiento de las formalidades necesarias para efectuar el traslado al referido centro, la víctima fue llevada nuevamente al ZODI donde permaneció recluida hasta el 5 de agosto. Finalmente, el 16 de agosto se le otorgó una medida sustitutiva de la prisión preventiva consistente en un régimen de presentación cada 8 días. 

En la mañana del día siguiente a su liberación, el Sr. Bolaños fue informado de que el SEBIN se dirigía a su casa a practicar un allanamiento con el fin de privarlo nuevamente de libertad. Ante ello, tuvo que abandonar su hogar y quedarse durante varios días en casas distintas. Dos semanas después congeló sus estudios universitarios y se fue del país. Debido a los sufrimientos a los que fue sometido en el contexto de su detención, el Sr. Bolaños tuvo que recurrir a tratamiento psicológico; y, pese a la gravedad de los vejámenes a los que fue sometido, no presentó denuncias por temor a represalias.

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